Aquí y ahora poco queda de lo de antes. La vida se esfumó como la arena que se lleva la playa. Si escribo este post, justo en el minuto siguiente resulta ser después y mis primeras palabras ya han pasado a ser antes. Pero esto no para aquí, en ese preciso instante en que lo digo el después, por una extraña sensación súbita de cambio de estado, pasa de ser líquido a gas, vuelve el antes sobre todo lo anterior desechando lo previamente expuesto.
Y así ando, en general, buscando que el después se convierta en el mejor de los pasados en el mínimo tiempo y el máximo esfuerzo. Antes todo era distinto. Quedaba mucho más después y menos entonces.
Desde entonces, cuando me dí cuenta, pasé a ser “ahora”: el preciso instante en el que lees esto. La certera palabra que se niega a ser “antes” y que precede al “después”. Justo desde entonces que nunca, ya para siempre, fui el mismo de antes, el mismo después.
Ahora todo es más fácil.






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